Opinión: dictamen o
juicio que se forma de algo cuestionable (RAE).
Supongamos
que tenemos una opinión formada acerca de algo. Para nosotros, ésta opinión
está sustentada por argumentos que consideramos sólidos (por eso hemos decidido
opinar lo que opinamos) no obstante, puesto que por encima de todo lo que nos
interesa es opinar aquello que esté lo más cerca posible de la verdad,
decidimos someter nuestra opinión al escrutinio de otros opinadores para
considerar nuevos argumentos y poner a prueba los nuestros. Para ello buscamos
muchos de ellos; desde opinadores que tengan exactamente la misma opinión,
hasta opinadores que piensen lo más diferentemente posible que nosotros y entre
ellos, todo un gradiente de opinadores, desde un extremo hasta el otro.
Iniciamos un debate con cada uno de ellos, contrastamos argumentos, jamás
olvidamos que lo que nos interesa es actualizar nuestra opinión para hacerla lo
más verdadera posible y así, con el tiempo (días,
meses, años) vamos actualizando nuestra opinión, la cual se puede comportar
como un seno, una recta de pendiente cero o un bello caos fractal. Un esquema
insultantemente simplificado podría ser el siguiente:
![]() |
| Perdón por la mala calidad de la imagen |
De
momento, en nuestro modelo ideal vamos a ignorar el señor de cara triste X_x.
No
nos importa cambiar cuantas veces sea de opinión, no hay nada de malo en ello
ya que nuestra motivación es la de acercarnos a la verdad. Así, con cada
debate, nuestra opinión se sustenta con nuevos argumentos y abandona el apoyo
de otros, haciéndose más robusta y difícil de rebatir (lo cual es una buena señal ya
que puede indicar que nos acercamos un diferencial más a la verdad, aunque no
nos importaría que nos demostraran que no podríamos estar más equivocados) y
con ello nuestra opinión evoluciona, por ejemplo, según la siguiente gráfica:
![]() |
| Perdón por la mala calidad de la imagen |
La gráfica anterior podría suponer un mes,
una vida o una civilización.
Me reconforta ver como aparecen
continuamente en la vida diaria ejemplos de debates que se ajustan bastante
bien al modelo que he descrito. Gente debatiendo en el trabajo, en una clase de
universidad, con un amigo, con un familiar, en programas de televisión... ¿Qué? ¿En
serio?...¡NO! Ahora mismo querido lector le deberían estar sangrando los ojos
de la burrada que acaba de leer, de la misma manera que a mí me sangran los
dedos de haberla escrito.
Esta entrada es una reflexión de mi
experiencia personal sobre el ejercicio de debatir. El debate debería ser una
herramienta al servicio de la buena intención que supone el querer saber si
nuestra opinión es cierta o no, pero lo más común es que su uso quede
completamente prostituido, inconsciente o conscientemente, por instintos de lo más
primitivos en el caso inconsciente (ego, soberbia, miedo...) o por intenciones
de lo más oscuras en el caso consciente (manipulación, interés personal...).
Puede ser que las intenciones de tal prostitución queden justificadas (lo cual
se podría... ¡debatir! aunque probablemente ese debate estuviera también
prostituido), pero en cualquier caso, el fin último al cual debería servir la
herramienta se olvida, no interesa, es incluso un estorbo.
El esquema de la primera imagen se vuelve más
realista cuando incluimos como parte del modelo el señor de la cara triste X_x.
Éste término aglutina todo aquello que aleja el debate de ser una herramienta
para mejorar nuestras opiniones y, por lo tanto, lo convierte tal y como lo he
descrito al principio de la entrada en algo utópico. Mi experiencia personal
me dice que en la mayoría de casos, el término de la cara triste es varios
órdenes de magnitud superior al de la cara feliz. ¿Por qué? ¿Por qué
subordinamos la verdad ante ruido de todo tipo? Antes del porqué me gustaría
comentar qué diferencia un debate sano de uno podrido. ¿Cómo se identifica un debate inútil? (entiéndase inútil como
no útil para mejorar nuestra opinión (entiéndase mejorar nuestra opinión como
tratar de opinar lo mas cercanamente posible de la verdad)). La respuesta es la
falacia.
"En lógica, una falacia es un argumento que
parece válido pero no lo es" (Wikipedia).
La falacia aflora en un debate cuando el
interés último del mismo es convencer a quien consideramos nuestro oponente
(por supuesto, generar argumentos no falaces no es tarea sencilla, por lo que
ignoro aquéllas falacias que aparecen como consecuencia del desconocimiento de
las mismas si la intención real de la argumentación es mejorar nuestra
opinión). En Wikipedia hay un listado bastante extenso
con ejemplos de falacias. Existen muchas más, pero si uno presta algo de
atención observará como hay un grupo de privilegiadas que son de uso cotidiano:
el argumento de autoridad, la falacia del hombre de paja, la
demagogia...Volvamos al porqué. ¿Por qué se prostituye un debate? Antes he
diferenciado entre intenciones conscientes e inconscientes, así pues, mi
opinión es que la causa/consecuencia de la prostitución de un debate de manera
inconsciente es simplemente un afloramiento de primitivez que
subordina la razón. Respecto el caso consciente, yo diría que se trata de un
tema de valores; modestia e interés por la verdad quedan eclipsados por el
interés personal.
Ambos casos considero que se podrían combatir a base de
educación. Educar transmitiendo la importancia de la razón como herramienta
para mejorar nuestra opinión y alcanzar la vedad, educar transmitiendo la idea
de que no importa quién nos esté haciendo cambiar de opinión; un buen argumento
puede venir de un filósofo, un banquero o un filósofo con ideas nazis que
trabaja de banquero y educar transmitiendo la importancia del valor que tiene
la verdad por encima del interés personal.
Por último pero no por ello menos
importante (¡Ni mucho menos!) reconozco que, consciente o inconscientemente, he utilizado en infinitas ocasiones falacias. El proceso de debate es
comparable al funcionamiento del método científico pero disfrazado de arte. Hay que entrenarlo, pulirlo y para ello hay que tener intención de hacerlo. ¡Ánimo
con ello!
Pablo

