viernes, 21 de noviembre de 2014

Debatir


Opinión: dictamen o juicio que se forma de algo cuestionable (RAE). 


Supongamos que tenemos una opinión formada acerca de algo. Para nosotros, ésta opinión está sustentada por argumentos que consideramos sólidos (por eso hemos decidido opinar lo que opinamos) no obstante, puesto que por encima de todo lo que nos interesa es opinar aquello que esté lo más cerca posible de la verdad, decidimos someter nuestra opinión al escrutinio de otros opinadores para considerar nuevos argumentos y poner a prueba los nuestros. Para ello buscamos muchos de ellos; desde opinadores que tengan exactamente la misma opinión, hasta opinadores que piensen lo más diferentemente posible que nosotros y entre ellos, todo un gradiente de opinadores, desde un extremo hasta el otro. Iniciamos un debate con cada uno de ellos, contrastamos argumentos, jamás olvidamos que lo que nos interesa es actualizar nuestra opinión para hacerla lo más verdadera posible y así, con el tiempo (días, meses, años) vamos actualizando nuestra opinión, la cual se puede comportar como un seno, una recta de pendiente cero o un bello caos fractal. Un esquema insultantemente simplificado podría ser el siguiente:

Perdón por la mala calidad de la imagen

De momento, en nuestro modelo ideal vamos a ignorar el señor de cara triste X_x.

No nos importa cambiar cuantas veces sea de opinión, no hay nada de malo en ello ya que nuestra motivación es la de acercarnos a la verdad. Así, con cada debate, nuestra opinión se sustenta con nuevos argumentos y abandona el apoyo de otros, haciéndose más robusta y difícil de rebatir (lo cual es una buena señal ya que puede indicar que nos acercamos un diferencial más a la verdad, aunque no nos importaría que nos demostraran que no podríamos estar más equivocados) y con ello nuestra opinión evoluciona, por ejemplo, según la siguiente gráfica:

Perdón por la mala calidad de la imagen

La gráfica anterior podría suponer un mes, una vida o una civilización.

Me reconforta ver como aparecen continuamente en la vida diaria ejemplos de debates que se ajustan bastante bien al modelo que he descrito. Gente debatiendo en el trabajo, en una clase de universidad, con un amigo, con un familiar, en programas de televisión... ¿Qué? ¿En serio?...¡NO! Ahora mismo querido lector le deberían estar sangrando los ojos de la burrada que acaba de leer, de la misma manera que a mí me sangran los dedos de haberla escrito. 

Esta entrada es una reflexión de mi experiencia personal sobre el ejercicio de debatir. El debate debería ser una herramienta al servicio de la buena intención que supone el querer saber si nuestra opinión es cierta o no, pero lo más común es que su uso quede completamente prostituido, inconsciente o conscientemente, por instintos de lo más primitivos en el caso inconsciente (ego, soberbia, miedo...) o por intenciones de lo más oscuras en el caso consciente (manipulación, interés personal...). Puede ser que las intenciones de tal prostitución queden justificadas (lo cual se podría... ¡debatir! aunque probablemente ese debate estuviera también prostituido), pero en cualquier caso, el fin último al cual debería servir la herramienta se olvida, no interesa, es incluso un estorbo.

El esquema de la primera imagen se vuelve más realista cuando incluimos como parte del modelo el señor de la cara triste X_x. Éste término aglutina todo aquello que aleja el debate de ser una herramienta para mejorar nuestras opiniones y, por lo tanto, lo convierte tal y como lo he descrito al principio de la entrada en algo utópico. Mi experiencia personal me dice que en la mayoría de casos, el término de la cara triste es varios órdenes de magnitud superior al de la cara feliz. ¿Por qué? ¿Por qué subordinamos la verdad ante ruido de todo tipo? Antes del porqué me gustaría comentar qué diferencia un debate sano de uno podrido. ¿Cómo se identifica un debate inútil? (entiéndase inútil como no útil para mejorar nuestra opinión (entiéndase mejorar nuestra opinión como tratar de opinar lo mas cercanamente posible de la verdad)). La respuesta es la falacia.

"En lógica, una falacia es un argumento que parece válido pero no lo es" (Wikipedia).

La falacia aflora en un debate cuando el interés último del mismo es convencer a quien consideramos nuestro oponente (por supuesto, generar argumentos no falaces no es tarea sencilla, por lo que ignoro aquéllas falacias que aparecen como consecuencia del desconocimiento de las mismas si la intención real de la argumentación es mejorar nuestra opinión).  En Wikipedia hay un listado bastante extenso con ejemplos de falacias. Existen muchas más, pero si uno presta algo de atención observará como hay un grupo de privilegiadas que son de uso cotidiano: el argumento de autoridad, la falacia del hombre de paja, la demagogia...Volvamos al porqué. ¿Por qué se prostituye un debate? Antes he diferenciado entre intenciones conscientes e inconscientes, así pues, mi opinión es que la causa/consecuencia de la prostitución de un debate de manera inconsciente es simplemente un afloramiento de primitivez que subordina la razón. Respecto el caso consciente, yo diría que se trata de un tema de valores; modestia e interés por la verdad quedan eclipsados por el interés personal.

Ambos casos considero que se podrían combatir a base de educación. Educar transmitiendo la importancia de la razón como herramienta para mejorar nuestra opinión y alcanzar la vedad, educar transmitiendo la idea de que no importa quién nos esté haciendo cambiar de opinión; un buen argumento puede venir de un filósofo, un banquero o un filósofo con ideas nazis que trabaja de banquero y educar transmitiendo la importancia del valor que tiene la verdad por encima del interés personal.

Por último pero no por ello menos importante (¡Ni mucho menos!) reconozco que, consciente o inconscientemente, he utilizado en infinitas ocasiones falacias. El proceso de debate es comparable al funcionamiento del método científico pero disfrazado de arte. Hay que entrenarlo, pulirlo y para ello hay que tener intención de hacerlo. ¡Ánimo con ello!



Pablo


domingo, 2 de noviembre de 2014

Hola mundo :)

Hola a todos! :)

     Me llamo Pablo y a fecha de hoy tengo 28 años. Tras acabar ingeniería industrial en España conseguí una beca Leonardo para hacer prácticas en P&G en Bruselas durante 6 meses. Actualmente continúo en P&G con un contrato temporalísimo y con una incertidumbre infinita sobre mi futuro.

     Tras casi 8 meses de vida en Bruselas y varias experiencias vividas (un viaje, un libro leído, un concierto, un logro/fracaso laboral...), me he dado cuenta de que, para sacarle más partido a mi aventura europea y vivencias en general, sería interesante dedicar algo de tiempo a analizar estas experiencias para intentar que quede algo de ellas en mí. A pesar de haber vivido numerosas, con el tiempo se ha apoderado de mi una especie de sensación "zombi"; me he dado cuenta de que de poco sirve tener experiencias si una vez vividas ninguna conclusión, aprendizaje o reflexión (por poco trascendental que sea) queda de ellas. Así pues, para combatir directamente este estado "zombi" de andar por la vida, hago nacer este blog. Como veis el objetivo no podría ser mas personal.

Sería un placer recibir feedback sobre las entradas que vaya publicando :).

Nos vemos en la siguiente entrada!





Pablo