martes, 30 de junio de 2015

Amsterdam: Recapitulando

Y finalmente, tras esta entrada, se acabó hablar de Amsterdam.

La impresión general que me quedó del viaje es como poco buena y distinta de lo que me esperaba. Quizás, tras haber pateado previamente Rotterdam (material para otra entrada), debería haber calibrado mejor la ciudad antes de sumergirme en ella, aunque cierto es que demostrado ha quedado que no soy demasiado brillante haciendo simulaciones.

Dos Amsterdams y medio visité, cada uno con sus peculiaridades:

Amsterdam 1 : El centro

Como comenté en la primera entrada, la estación central vomita/succiona un enorme flujo de lo que a mi me parecieron en un 90% turistas directamente al/desde el centro; la zona mas turística de la ciudad. Diría que es la zona mas mediática donde para bien o para mal se encuentran algunos de los elementos mas característicos de la ciudad, como por ejemplo los canales, la casa de Ana Frank, decenas de coffeshops o el barrio rojo. Ésta zona merece desde luego la pena ser recorrida con calma, pero con calma difícil es ser recorrida. Saturada de turistas e inmersa en un ruidoso mar de promesas que aseguran saciar por completo la mente mas ávida de sensaciones. Barcos a saco, ¡Rápido, hagamos primero un paseo en barco por los canales! ¡Paseo hecho, ahora compremos una camiseta de Amsterdam de souvenir en alguna de los cientos de tiendas replicadas! ¡Listo, ahora, como no, directos a un coffeshop, a ver si extendemos el viaje a una nueva dimesión! ¡Y luego, según como esté el cuerpo podemos echar unas birras mientras divagamos hasta encontrar el barrio rojo! Y para que no se diga, mañana nos acercamos a la zona de los museos e intentamos sacar algo de allí. Esa es la impresión que me quedó del centro. No puedo evitar pensar que algo falla cuando a tres metros de la iglesia mas antigua de Amsterdam, justo al otro lado de la calle, un grupo de prostitutas ofrecen sus servicios exhibiendo lo que la naturaleza les ha dado, e intuyo que algunas han potenciado artificialmente, en un escaparate. No vi muchos de estos escaparates porque no me adentré demasiado en el barrio rojo, por lo tanto lo que voy a decir no es ninguna conclusión estadística: me llamó la atención que ninguna de las chicas que vi en los escaparates tenía la apariencia de mujer Holandesa nativa, o al menos descendiente de nativos (enlace para replantear el tema). 
El centro, si bien interesante para visitar, diría que no es para nada representativo de una ciudad típica Holandesa, sino mas bien una fusión entre lo que en algún día fue una ciudad típica Holandesa, con una filosofía hype cool agresiva aparentemente 110% open-minded. 

Amsterdam 2: Fuera del centro

Una vez vamos allá de los anillos que definen el centro de Amsterdam el panorama cambia. Siguen habiendo zonas repletas de turistas, como el parque de los museos, pero en general el ambiente es distinto. Parques esparcidos llenísimos de vida, igualmente cientos de bicis y parece que mas Holandeses. Diría que esta zona se parece mas a una ciudad Holandesa, donde el ruido del centro no lo cubre todo y donde la verdadera población de Amsterdam vive. Aquí si que no me importaría para nada probar a vivir (¡Pero nada, nada!).
A medida que nos alejamos del centro la densidad de gente por las calles disminuye muchísimo y se aprecia cada vez mas una tranquilidad envolvente donde (no me cansaré de mencionarlo) el ir y venir de bicis y no de coches resulta tan agradable como el sonido de un riachuelo de aguas cristalinas en los pirineos.

Amsterdam 2,5: Fuera de fuera del centro.

Para salir de Amsterdam no hace falta mas que una bici y menos de diez minutos. Se aprecia como sigue mas o menos todo urbanizado, pero con un tipo de planificación muy amplia, no hacia el cielo, lo que genera una sensación de espacio abierto la mar de agradable. Tampoco me importaría vivir en alguna de las pequeñas casas con encanto que lo pueblan todo. El paisaje es relativamente aburrido, plano, sin montañas ni bosques, pero plagado de canales donde relajarse dando paseos en barco. Y como no, similar a como ocurre en la ciudad, parece todo mas accesible en bici que en coche.


¿Cual es la combinación perfecta?

Tener una casa alquilada a estudiantes de ingeniería en el centro (no de algo de humanas, demasiada vida social), otra fuera del centro donde vivir y otra fuera de Amsterdam para ir a hacer paellas los fines de semana y donde pasar el verano y por supuesto un barquito para moverse entre ellas. Con lo que cuesta todo esto podríamos rescatar Grecia tres veces.

Antes de acabar el artículo me gustaría dejar un enlace bastante interesare que explica muy por encima como Holanda pasó de ser un país motorizado a uno pedaleado hace no mucho tiempo como se podría pensar. Enlace.

Y esto es todo. Amsterdam, como casi todo lo que he visitado, queda explorado medias. ¿Porqué a medias? Por que falta otra parte importantísima que influye en la percepción de la ciudad: la gente, pero para eso hace falta algo mas que tres días. ¿Una internship quizás?





Tot ziens!

Pablo

domingo, 14 de junio de 2015

Drie dagen in Amsterdam (de derde dag)

Y finalmente retomamos la serie con el tercer día.

La estadística, la naturaleza, Dios, llámalo "X" me regaló un precioso día soleado, caluroso y más azul que un láser de 470 nm. Un día perfecto para quemarse haciendo unos cuantos kilómetros en bici por Amsterdam y sus alrededores.

El albergue donde me hospedaba cuenta con un buen número de bicis para alquilar con su propio taller de mantenimiento por lo que las bicis están en su punto óptimo. Bicis de paseo grandes y pesadas pero que ruedan mas suave que la seda. Por 11 euros alquilé la mía. 

Mi compañera de aventuras

Listos para partir

Tras una más o menos intensa búsqueda por Internet al final me decidí por una ruta que encontré en www.bikemap.net.

Ruta inicialmente planeada

La página permite exportar la ruta en formato KML con lo que la podemos cargar en alguna aplicación en el móvil y seguirla mediante GPS. El programa que utilice es el Locus Free. Se trata de una aplicación de navegación GPS que obtiene los mapas conectándose a diferentes fuentes opensource y que permite descargarse porciones de mapas para poder utilizarlos offline. Me funcionó perfectamente sin tener que realizar ni una conexión de datos durante todo el día.
Así que móvil en mano (en mochila realmente) y bici en culo partí a recorrer Amsterdam para visitarlo desde una perspectiva diferente.

La infraestructura dispuesta para bicis es ESPECTACULAR. No especialmente por su arquitectura si no por su planificación. En toda mi excursión no recuerdo haber visto una sola calle donde no se pudiera pedalear de forma segura, normalmente con carriles con los dos sentidos separados por una linea discontinua.
Aproximadamente la primera mitad del recorrido fue por fuera de Amsterdam. A medida que salía de la ciudad la atmósfera se iba cargando de una tranquilidad paradisíaca. Pequeños y no tan pequeños detalles me llamaron la atención, como por ejemplo:

Pequeño detalle: Canaleta para subir/bajar cómodamente tu bici por las escaleras


Detalle gigante: A la derecha carril para peatones, a la izquierda carril para bicis. Comienzo/final de un puente que cruza el RijnKanaal

Sobre no haber pedaleado por zonas especialmente húmedas, rápidamente queda muy claro que, al menos la zona alrededor de Amsterdam, es un charco salpicado de pequeñas barriadas tranquilas con lo que da la impresión de ser segundas residencias fuera del nerviosismo de la urbe. Pintoresca imagen daban pequeñas barriadas construidas directamente dentro de lo que no se sabe muy bien si es lago o canal, con su barca amarrada al portal de la casa.

Uno de los bastantes ejemplos de casas conquistando el agua

Y pedaleando unos kilómetros mas hasta donde no se ve prácticamente hormigón, llegamos al paraíso.

Postal de cuento

Todo lo que vi en la parte más alejada de Amsterdam era bastante parecido a lo que se ve en la foto anterior. Pintorescas casas construidas en medio de una aleatoria red de canales y de una no tan aleatoria red de fietspaden. Me imaginaba sentado en uno de esos bancos al lado de un canal acabando de leer el diario de Ana Frank, portal en el tiempo, ventana a un pasado nada remoto que conecta, allí mismo a pocos kilómetros de donde fue escrito, un pasado de bombas y muerte con un presente aparentemente idílico en el cual parece que las sombras del pasado se difuminan con la cegadora luz del estilo de vida de moda yonkimente saturado de una rápida búsqueda de sensaciones, en el centro de Amsterdam y de la tranquilidad de la buena vida que evocan éstas casas de cuento, fuera de la urbe.

Carril bici (fietspad). Fietspad, fietspad everywhere

Un par de postales de cuento más.

Postal de cuento 2

Postal de cuento 3

Uno de los problemas/abusos que tiene Holanda es el precio de las casas. Es cierto que en una pequeña zona geográfica se apiñan 11 millones de personas, pero también es cierto que se construye de una manera muy concreta. Apenas se ven bloques grandes de edificios ya que generalmente se construye a lo largo y ancho y no hacia el cielo, haciendo que se requiera mucho más espacio. Como consecuencia las ciudades resultan, en mi opinión, mucho menos agresivas a la vista y más agradables para vivir. La falta de espacio y la promesa de vivir en el paraíso permiten que la curva de la oferta y la de la demanda se intersecten en un punto tal que hace falta un telescopio para verlo. Una de las casas que aparecen en la postal de cuento 3 tenía un cartel de "Se vende, precio, 800.000 euros".

Siguiendo con la ruta y acercándome de nuevo a la cuidad, llegué de nuevo al Ij, donde cogí uno de los numerosos barcos gratuitos que lo cruzan (como en el segundo día, esta vez con bici).

Barco de linea con la estación central al fondo

Una vez en la estación central, el resto de la ruta fue una combinación del recorrido que tenía planeado con vueltas totalmente random por la ciudad.
He de reconocer que da cierto respeto meterse de lleno en las autovías de bicicletas que se conectan y enredan de mil maneras. Por lo general la gente va rápido, de hecho no recuerdo haber adelantado a nadie y como si de tráfico motorizado se tratara, no hay paciencia ninguna. Diría que durante el 100% del tiempo hay algún timbre pitando en un radio de 50 m. Al estar tan bien plaenado, el tamaño de la ciudad parece reducirse drásticamente y en pocos minutos podemos recorrer el centro y no tan centro de un lado a otro; un placer.
Y finalmente, tras algo mas de 50Km de bici, fue el momento de abandonar la bici y dirigirse una vez mas a la estación central, esta vez para decirle adiós. ¡Qué lento es andar!

Normalmente no suelo llevarme nada de recuerdo de los sitios que visito, salvo las fotos, pero la casualidad quiso que pasara por una tienda de música y mirando sin ver el escaparate algo me llamó la atención.

Souvenir de bajo coste

Tres días agotadores que dieron para mucho. Con esta entrada cierro la serie de tres entradas dedicadas al viaje en si mismo. Publicaré una cuarta con alguna reflexioncilla sobre las sensaciones que tuve durante la experiencia (alguna cosilla he dejado caer a lo largo de las tres entradas).

Tot ziens!

Pablo