El olor a leña y paella, escuchar hablar Español por la calle, escuchar hablar Valenciano por la calle, un vistazo al ayuntamiento de Castellón con su arquitectura característica, bordear el Ribalta, la tranquilidad de la playa, hacerse un café en el sitio más mediocre de Castellón, un vistazo al Bartolo desde cualquier punto de Castellón o Benicásim o una larga caminata por el paseo marítimo. Es el murmullo de fondo de una vida cualquiera. Murmullo al que quizás uno se acostumbra y deja de oír, como el ruido de la nevera, pero que se transforma en la música más agradable del mundo cuando uno vive fuera y lo oye sólo cuando regresa.
La idea de esta entrada me vino cuando esta semana, aún en España, andando por la calle me crucé con un distinguido caballero con el cual casi tropiezo. El señor, rápido de reflejos, evitó el choque añadiendo tras el peligro: "passa chiquet!". Ese passa chiquet me sonó a música celestial y no precisamente porque me llamara chiquet. Queda claro que la zona de confort es algo maleable y expandible, pero veo difícil que alguna vez sienta la familiaridad y confort que siento al volver a Castellón volviendo a cualquier otro sitio, aunque desde luego todo suma y aún mucho queda por sumar.
A continuación un par de fotos de lo más estándar que se puede encontrar a 1616km de Bruselas.
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| La playa desde un punto cualquiera de Benicasim |
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| Una paella estándar hecha por mi madre. |
Tot ziens!
Pablo

