La estructura económica sobre la cual se sustenta la sociedad moderna actual requiere que sus individuos, en cierto momento momento de sus vidas, asuman el estatus de trabajadores. Trabajador es aquella persona que realiza un trabajo a cambio de un salario. Este salario acaba alimentando la estructura económica tras un camino que puede ser de lo mas simple: Pepe compra unos zapatos con su salario, hasta macabramente complejo: Pepe compra con su salario acciones en bolsa cuyo precio, tras prostituirse financieramente siguiendo los patrones de una ingeniería mas fina que un reloj atómico, acaba vendiendo por un precio superior al que fueron compradas, obteniendo así un beneficio real en un juego virtual con el que finalmente se compra unos zapatos. Como si de un dogma religioso se tratara, no se cuestiona la tremenda importancia de poseer un trabajo para permanecer cómodamente encajado dentro del sistema. Así mismo tampoco se cuestionan los valores que definen el rol de un trabajador modelo para que este sea lo mas eficiente posible dentro del sistema productivo y de la estructura económica en general (en realidad cada vez se cuestiona mas, pero la inercia es tan brutal que no supone ninguna implicación práctica).
El ser humano no viene programado de serie para ser un trabajador modelo (¡A punto he estado de decir competidor modelo!). ¿Sobre qué proceso recae la responsabilidad de instruirnos para ser engranajes del sistema productivo? Sobre la educación, ya sea formal, no formal o informal. La educación es un proceso que pretende la socialización de los individuos. Con esta entrada pretendo reflexionar sobre el contraste entre lo que en mi opinión debiere ser el proceso educativo y lo que realmente produce dicho proceso, como si de una mera factoría se tratara.
El sistema educativo está al servicio del poder económico y deliberadamente está diseñado para satisfacer sus necesidades. Empecemos de arriba a abajo. La universidad es indudablemente una fábrica de profesionales altamente (¿En serio? bueno, hay de todo) cualificados listos para encajar suavemente en el sistema productivo (obvio aquí el hecho de que la situación económica actual borra de una patada eso de suavemente). Hacia abajo en el nivel de estudios o hacia atrás en el tiempo tenemos el bachillerato, que no es mas que una preparación preuniversitaria, ergo con el mismo fin. Aun con muchos rasgos aun por definir, en bachillerato la maleabilidad disponible en el individuo es comparativamente mayor que la disponible cuando se comienza la universidad. Y si vamos mas atrás en el tiempo llegamos al nivel de educación mas general, donde comenzado prácticamente desde que se hace uso de razón, la maleabilidad es completa.
Maleabilidad completa, responsabilidad tremenda. Durante los años de educación general estamos introduciendo conocimientos y valores en unas mentes completamente permeables que probablemente definan la estructura básica de cada individuo con la que tendrá que lidiar, en general, toda su vida. La inercia para modificar dichos cimientos aumenta rápidamente con el tiempo haciéndose, mas pronto que tarde, en general casi infinita. Inercia casi infinita implica dificultad casi infinita para cambiar. ¿Qué se enseña pues durante esta crucial etapa educativa? La importancia de sacar buenas notas para tener un futuro mejor (lo cual es completamente cierto), la importancia del éxito y el temor al fracaso, la importancia de ser competentes y competitivos... Todo ello desde la perspectiva futura de acabar colocando a cada individuo en el estatus de trabajador, engranaje esencial del sistema. ¿Qué no se enseña en esta etapa educativa? Inteligencia emocional. Se puede ser director de una monstruosa multinacional y ser un analfabeto emocional, aunque en este caso quizás podríamos considerar que tal director controla perfectamente sus emociones y lo usa a su favor. Pero no, aquí yo me refiero a la inteligencia emocional que contribuye a maximizar dentro de unos límites razonables la felicidad de los individuos. Se puede tener la suerte de toparse con un pequeño tesoro disfrazado de profesor que, por inspirador y probablemente excediendo sus funciones laborales, nos permita avanzar en la comprensión y gestión de las emociones propias y ajenas, pero en principio diría que ese caso es mas bien anecdótico. Entiendo que la responsabilidad de formar seres sociales va mas allá de producir trabajadores y entiendo que con el sistema actual es algo que no tiene demasiado sentido plantearse por no ser necesario; nos vale con formar trabajadores. El individuo como tal se ignora y moldea pertinentemente.
En el párrafo anterior me he centrado completamente en la educación formal y considero que lo comentado se puede extrapolar a la educación no formal. ¿Qué pasa con la informal? En los primeros años de socialización somos por supuesto también permeables a la familia, amigos y en definitiva a los grupos primarios de socialización. De manera similar al tesoro disfrazado de profesor, este tesoro se puede disfrazar de madre, padre, hermano, amigo, novia, etc. Si bien no tanto como en el caso del profesor, considero muy difícil encontrar estos tesoros. Puede darse el caso, pero no es una ley de la naturaleza que los individuos cultiven y desarrollen su inteligencia emocional por voluntad propia, ya sea por ignorancia o por completa inercia al cambio. Por ello es dificil volvernos mas inteligentes desde un punto de vista emocional a partir de la educación informal.
Partiendo del axioma de que la inteligencia emocional repercute positivamente en la mejora de la sociedad ¿Por qué no enseñarla y potenciarla de manera formal? Antes de acabar de escribir la pregunta la respuesta se veía venir de lejos, o mas bien de atrás ya que, como he mencionado antes, con el sistema actual es algo que no tiene demasiado sentido plantearse por no ser necesario; nos vale con formar trabajadores. El individuo como tal se ignora y moldea pertinentemente. Triste y cierto.
De momento compete a cada uno gestionar y cultivar su propia inteligencia emocional, darle la importancia que considere oportuna y utilizara en sus relaciones sociales.
Tot ziens!
Pablo
En el párrafo anterior me he centrado completamente en la educación formal y considero que lo comentado se puede extrapolar a la educación no formal. ¿Qué pasa con la informal? En los primeros años de socialización somos por supuesto también permeables a la familia, amigos y en definitiva a los grupos primarios de socialización. De manera similar al tesoro disfrazado de profesor, este tesoro se puede disfrazar de madre, padre, hermano, amigo, novia, etc. Si bien no tanto como en el caso del profesor, considero muy difícil encontrar estos tesoros. Puede darse el caso, pero no es una ley de la naturaleza que los individuos cultiven y desarrollen su inteligencia emocional por voluntad propia, ya sea por ignorancia o por completa inercia al cambio. Por ello es dificil volvernos mas inteligentes desde un punto de vista emocional a partir de la educación informal.
Partiendo del axioma de que la inteligencia emocional repercute positivamente en la mejora de la sociedad ¿Por qué no enseñarla y potenciarla de manera formal? Antes de acabar de escribir la pregunta la respuesta se veía venir de lejos, o mas bien de atrás ya que, como he mencionado antes, con el sistema actual es algo que no tiene demasiado sentido plantearse por no ser necesario; nos vale con formar trabajadores. El individuo como tal se ignora y moldea pertinentemente. Triste y cierto.
De momento compete a cada uno gestionar y cultivar su propia inteligencia emocional, darle la importancia que considere oportuna y utilizara en sus relaciones sociales.
Tot ziens!
Pablo



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