Hacía tiempo que quería recopilar una serie de reflexiones a modo leyes transitorias sobre la vida en general. Leyes porque para mí son totalmente ciertas y ya no necesitan de más pruebas para confirmar su veracidad y transitorias porque entiendo que pueden variar (muy probablemente lo hagan) a lo largo de los años. Allá van:
- Planear: Tener un plan es siempre mejor que andar a la deriva. ¡Envidia de aquellos que tienen claro el camino que quieren recorrer!
- Sobre la felicidad: La felicidad no es una meta sino un camino. Por supuesto que hay que marcarse objetivos, pero no hay que descargar sobre ellos la responsabilidad de hacernos sentir finalmente felices. Hay que dejar embriagarse por ella cuando se presente, ya sea con una promoción laboral o con una simple mirada de complicidad.
- Ruido no, gracias: Si para la felicidad hay que dejarse empapar a lo bestia, para el ruido hay que cerrarse...a lo bestia. Cuanta menos basura en la cabeza mejor.
- Personas tóxicas: Cuidado con las personas tóxicas. Hay casos en los que es evidente que estamos ante una persona tóxica y se puede cortar por lo sano. En otros casos no es evidente, su influencia puede pasar desapercibida y con el tiempo uno puede notar una pesada carga salida de no se sabe donde. En ocasiones es triste porque no hay mala intención ninguna. En cualquier caso hay que saber donde poner el límite. Esencial también no convertirse en una persona tóxica.
- Lo que puedas cuando puedas: Optimizar es necesario y un placer, pero a estas alturas ya nadie me desconvence de que es preferible hacer 25 cuando se pueda que esperar a que se pueda hacer 100. El 25 puede acabar multiplicándose y el 100 nunca llegar. O no.
- Racional hasta donde se pueda: Hay que reconocer los propios límites a partir de los cuales la objetividad se va a la mierda. Resulta un ejercicio de modestia y a la vez de raciocinio ser conscientes de que, cuando analizamos con perspectiva, resulta mucho más fiable cualquier razonamiento que cuando analizamos algo en lo que estamos emocionalmente implicados.
- Comunicación, comunicación y más comunicación: Una comunicación intencionada, efectiva, construida en base a una sana inteligencia emocional evita toneladas de conflictos, especialmente cuando una de las partes ha sobrepasado el límite de su capacidad para ser racional. Hay que esforzarse por comunicar bien.
- Siempre te acompañarás: En el teatro de tu vida los actores entran y salen menos uno, quieras o no: Tú. Conocerse en profundidad y llevarse bien con uno mismo es lo primero.
- Balance trabajo/vida personal: (Esta ley la afirmo teniendo en cuenta que no es tan universal como las anteriores). A no ser que estés a punto de descubrir la cura para el cáncer, el trabajo es, como mucho, tan importante como la vida personal, no más.
- Se buena persona: Este punto es tan genérico que apelo a la experiencia vital del lector. Hay cierta probabilidad de que alguna vez en la vida uno se haya cruzado con una de esas personas que parecen sacadas de Heidi. Simples, puras, bonachonas (sin maldad, sin orgullo, sin avaricia). A no ser que ya seas así (en ese caso ¡enhorabuena!) pueden funcionar como modelos.
- Aprendizaje: El aprendizaje derivado de la experiencia personal va a tener siempre infinita más repercusión personal que el aprendizaje derivado, por ejemplo, de un libro.
Seguramente para muchos estas leyes son obvias desde hace tiempo, para otros no tanto y para otros no tienen sentido alguno. En cualquier caso de poco sirve leer esto ya que es difícil que se interiorice nada. Han sido años y transitorios varios los que han hecho florecer estas leyes.
Ha sido un placer escribirlas.
Tot ziens!
Pablo
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